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Mecano, Ya Viene el Sol



Finding My Voice through a Mecano



During my tumultuous teenage years, my identity and musical proclivities took shape in a fiery crucible, where music emerged as the weapon of choice in my rebellion against the ever-watchful eyes of my parents. The decree was as straightforward as it was impactful: "Thou shalt not embrace any sound accepted by the older generation." The boundaries of this musical exile gradually became crystal clear.


Popular pop sensations like Timbiriche and the crooner extraordinaire Luis Miguel were dismissed as nothing short of repulsive. The captivating rhythms of Latin dance music and the soul-stirring ballads of ranchera were strictly off-limits, as though they held the power to enthrall and corrupt my impressionable teenage soul. And, most vehemently of all, any attempts by Mexican bands to channel the British and American rock deities through Spanish lyrics were deemed blasphemous.


The zenith of my rebellion reached its crescendo when I adamantly refused to attend my sister's graduation celebration, where she had chosen Luis Miguel, the era's most coveted dinner show, as the centerpiece of her festivities. The two prized tickets, intended for me and a fictitious partner, were joyfully handed over to my eager cousins, who delightfully seized the opportunity.


There was one exception in which I was willing to betray my belief system: Mecano. Their melodic pop, captivating synthesizers, lyrical narratives, and the enchanting vocal harmony and beauty of Ana Torroja, their singer, proved too difficult to resist, even if it meant enduring a hypothetical barrage of ridicule. The trio belonged to the European new wave that was emerging and replacing the punk bands of the late 70s. In essence, they belonged inside the boundaries of rebellion, but the sweetness of Ana's voice and Spanish lyrics made them embraced by the tasteless Mexican audience.


Mecano would be the first band I'd ever seen in concert! Since they were not considered rebellious rock music, the Mexican authorities allowed them to play in "El Teatro Nacional," but it was hard to get tickets. Still, my father moved his influences and got me one entrance.


Their albums evolved from simple sophistication to increasing innovation. "Ya Viene el Sol," their third album, marked the zenith of their career. It was brimming with singles featuring innovative synthesizers as seen in "Japón," rebellious and catchy melodies like "No Pintamos Nada," ethereal acoustic sounds akin to "Hawaii-Bombay," and even humorous tunes like "Mosquito." One of my favorite songs in the album "Busco Algo Barato" was covered by a Mexican pop trio called Flans; while I hated how the song was thrashed, it opened a small conversation window with the opposite sex that'd go down the drain when I tried to educate them.


Mecano's allure ran so deep that it became a rebellion within the rebellion. I learned that one should remain open enough to recognize what is good rather than appropriate. This twist in my character became a vital life lesson, emphasizing that staying true to oneself enriches life more profoundly than merely belonging. Ultimately, the evolution of my personality, honed through music, taught me the enduring value of authenticity.






 

Encontrando mi Voz a Través de un Mecano



Durante mis tumultuosos años de adolescencia, mi identidad y preferencias musicales tomaron forma juntas, donde la música emergió como el arma de elección en mi rebelión contra los ojos vigilantes de mis padres. El mandamiento era tan directo como impactante: "No aceptarás ningún sonido aceptado por la generación mayor". Los límites de este exilio musical gradualmente se volvieron claros como el agua.


Nunca escucharás aberraciones populares como Timbiriche y el repulsivo Luis Miguel. Los ritmos de la música de baile latina y las baladas rancheras estaban estrictamente prohibidos, como si tuvieran el poder de cautivar y corromper mi impresionable alma adolescente. Y, con mayor vehemencia, cualquier intento de bandas mexicanas de canalizar a las deidades del rock británico y estadounidense a través de letras en español se consideraba blasfemo.


La cúspide de mi rebelión alcanzó su punto máximo cuando me negué con firmeza a asistir a la celebración de graduación de mi hermana, donde había elegido a Luis Miguel, el codiciado espectáculo de cena de la época, como pieza central de sus festividades. Las dos valiosas entradas, destinadas a mí y a una pareja ficticia, fueron alegremente entregadas a mis primas, quienes aprovecharon la oportunidad con deleite.


Hubo una excepción en la que estuve dispuesto a traicionar mi sistema de creencias: Mecano. Su pop melódico, sintetizadores cautivadores, narrativas líricas y la encantadora armonía vocal y belleza de Ana Torroja, su vocalista, resultaron demasiado difíciles de resistir, incluso si eso significaba soportar una hipotética avalancha de burlas. El trío pertenecía a la nueva ola europea que estaba emergiendo y reemplazando a las bandas de punk de finales de los 70. En esencia, se encontraban dentro de los límites de la rebeldía, pero la dulzura de la voz de Ana y las letras en español los hicieron ser aceptados por el público mexicano.


Mecano se convirtió en la primera banda que vi en concierto. Dado que no se consideraba música de rock rebelde, las autoridades mexicanas les permitieron tocar en el "Teatro de la Cuidad", pero las entradas eran difíciles de conseguir. Aun así, mi padre movió sus influencias y consiguió una entrada para mí.


Sus álbumes evolucionaron desde una sofisticación simple hasta una innovación creciente. "Ya Viene el Sol", su tercer álbum, marcó la cúspide de su carrera. Esta repleto de sencillos con sintetizadores innovadores, como se ve en "Japón", melodías rebeldes y pegajosas como "No Pintamos Nada", sonidos acústicos etéreos similares a "Hawaii-Bombay" e incluso canciones humorísticas como "Mosquito". Una de mis canciones favoritas del álbum, "Busco Algo Barato", fue versionada por un trío de pop mexicano llamado Flans; aunque odié cómo desvirtuaron la canción, abrió una pequeña ventana de conversación con el sexo opuesto. Aunque debemos reconocer que en el momento que me dedicaba a educar, las cosas se iban al carajo.


El atractivo de Mecano era tan profundo que se convirtió en una rebelión dentro de la rebelión. Comenzando a creer aque uno siempre debe mantener la mente abierta, permitiendo el reconocimiento de lo que es verdaderamente bueno en lugar de lo que se considera apropiado. Esta transformación en mi carácter se convirtió en una lección de vida crucial, destacando que ser fiel a uno mismo enriquece la vida de manera más profunda que simplemente pertenecer. Al final, a través del prisma de la música, descubrí el valor perdurable de la autenticidad.





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Mecano also brings up vivid memories for me, when I was growing up a teenager in Paris. Mecano are completely fluent in French, they reached enormous fame and success in France with two of their best songs and hits: "Hijo de la Luna" and "Mujer contra Mujer", which in French became "Dis-moi lune d'argent" (tell me, silver moon) and "Une femme avec une femme". You can hear how good these sound in french here:

https://youtu.be/D22UFC1DyAk?si=KdxkMb1PBJm99B3L

and here she was, singing live in French on french TV in 1990, a file from the website of France's National Archives, no less:

https://youtu.be/D22UFC1DyAk?si=KdxkMb1PBJm99B3L


In earlier decades even stratospherically more famous bands like The Beatles, The Rolling Stones, Elvis or Phil Collins have sung…


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